
¿Qué será del artista cuando las máquinas lleguen a hacer mejor arte que los humanos - más diestro, más inventivo, más ágil conceptualmente, inagotable y barato?

El árbol, nacido algorítmicamente, gana sentido solo bajo el escrutinio del espectador, sus raíces binarias se despliegan no en la tierra, sino en el paisaje mental donde el ojo del observador injerta sentido sobre los píxeles inertes.
Sin los NFT, el artista digital no es más que una mera sombra que forja piezas efímeras que se desvanecen antes de cobrar forma - como castillos de arena ante la marea incesante.